Palmira, Valle del Cauca, Colombia

Tribuna de opinión

Las lógicas de la televisión son tiranas: si algo es exitoso, hay que continuarlo durante mil temporadas. Así de simple. Y, por supuesto, lo que conviene es sacar muchos capítulos, aunque de diez tan solo dos sean buenos.


¿A partir de qué momento comenzó la decadencia de la exitosa serie Juego de tronos? Si uno lo analiza detenidamente, se dará cuenta que fue a partir de que el programa y los libros comenzaron a diferir. Llegó un momento en donde el autor de la saga, George Martin, debió elegir entre terminar los libros rápido o dejar que el show tomara su propio camino. Afortunadamente, hizo lo segundo. Si hubiera hecho lo primero, el libro habría perdido su calidad. Mejor hacer las cosas bien que hacerlas rápido y mediocre.

El éxito y la calidad

Lamentablemente, las lógicas de la televisión son tiranas: si algo es exitoso, hay que continuarlo durante mil temporadas. Así de simple. Y, por supuesto, lo que conviene es sacar muchos capítulos, aunque de diez tan solo dos sean buenos. El éxito de una serie en el largo plazo se traduce, sin duda, en la muerte de su calidad.

Ejemplos sobran. Miren lo que le ocurrió a Los Simpsons. El período de oro de la serie va desde la tercera temporada hasta la séptima, a partir de allí han ido de mal en peor. Sin embargo, van por la temporada número veintinueve, aunque el show realmente sea decadente. ¿Cómo se explica esto? Muy simple: si genera dinero, gracias al ignorante promedio que lo ve, seguirá eternamente. Hay que sacarle todo el dinero que se le pueda sacar.

Bajo esta premisa, voy analizar algunos aspectos de una serie que ha ganado mucha popularidad en el último año: la consentida de Netflix, Black mirror. Es bastante interesante lo que ha ocurrido a la serie a causa de su creciente popularidad. Pero ya llegaremos a eso y al análisis de una: la cuarta temporada. Veamos primero cómo comenzó todo.

El origen de la serie

La serie originalmente apareció en 2012 y se transmitía por un canal británico. Poseía tan solo tres episodios. Básicamente consistía en una antología de historias futuristas distópicas, cuya premisa era explorar el impacto de las nuevas tecnologías de información y comunicación sobre la forma en la que los seres humanos se relacionan en la actual sociedad mediática. Una propuesta indudablemente atrevida y, sin duda, original. Una combinación ingeniosa del género de ciencia ficción ciberpunk con sátira política y social. Por supuesto, dada la temática, fue disfrutada por un nicho muy específico. Claramente no estaba dirigida para la masa o, como decimos en Argentina, para doña Rosa.

A pesar de que su canal de difusión fue limitado, llegó a tener éxito entre los amantes de la ciencia ficción sociológica y por ello se lanzó una segunda temporada con cuatro capítulos. También ingeniosos y de temática diversa. Lo interesante de las primeras temporadas es que no se concentraban en el aspecto tecnológico, sino que éste era una herramienta para contar un drama humano. Un claro ejemplo es el capítulo donde vemos como una tecnología para grabar la vida de una persona a través de los ojos con un aparato insertado en el cerebro potencia los celos en una pareja llevándola a una crisis inminente. La historia es sobre las relaciones afectivas entre las personas y eso le da fuerza al capítulo.

Esto prueba un buen punto: las buenas historias vienen de explorar las relaciones afectivas y de desarrollar los personajes. Una serie de ficción especulativa tiene la ventaja de explorar esto jugando con las posibilidades creativas al imaginar contextos teóricos, aunque cercanos a nuestra realidad. Hasta ese momento, el tono de la serie era bien específico: presentar en cada capítulo, con cierto pesimismo, las consecuencias del avance tecnológico mediático sobre el día a día de las personas. No obstante, la idea era concentrarse siempre en contar una historia de relaciones humanas. El contexto y lo tecnológico no eran importantes, sino un medio para un fin. Esa es la definición de la literatura distópica, cuyos mayores exponentes han sido Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell.

El salto a la popularidad

Lo interesante ocurrió al estrenarse la tercera temporada en un medio masivo como los es Netflix. Aquí cambiaron las reglas del juego, ya que todo el mundo empezó a verla. Como la serie era algo novedoso, llamó la atención del idiota promedio y aquí es donde las cosas empezaron a trastornarse.

En mi opinión, la tercera temporada continuó con la premisa de las anteriores. Hasta introdujo un capítulo donde se desarrolla una conmovedora historia de amor, donde el final resulta optimista, a diferencia de los otras historias. Probablemente, un experimento del creador y escritor de la antología, Charlie Brooker. Hasta aquí todo perfecto. Sin embargo, algo interesante comenzó a suceder: la gente comenzó a opinar en los foros de la Internet.

Como el público ahora excedía al amante de las antologías distópicas y alcanzaba a prácticamente todo el mundo, cada persona comenzó a destacar lo que más le gustaba. Y como al idiota promedio le encantan los finales felices, alabaron aquel capitulo pidiendo más de ese tipo. Lo que normalmente hace un escritor que se respeta así mismo en estos casos es “cagarse” en el pedido de sus fanes, ya que si les da lo que quieren, la creatividad muere. El artista debe ser lo suficientemente valiente para decir: “Yo escribo lo que quiero y me importa un carajo si les gusta o no”. Debe ser lo suficientemente osado para seguir innovando y probando cosas nuevas, aunque no le guste a todo el mundo. De lo contrario, se vuelve un esclavo del capricho popular. Sí, podría hacer mucho dinero complaciendo al vulgo, pero siempre escribirá lo mismo y la creatividad morirá. La idea no es complacer a todo el mundo, sino escribir lo que uno quiere. Y si solo le gusta a un público específico, que así sea.

De lo contrario, te conviertes en lo que Alan Moore ha llamado un “Escritor de carrera”. Alguien que encontró su “pluma dorada” (algo que le gusta a todo el mundo) y se dedica a repetirlo durante toda su vida con tal de complacer. Podrá escribir bien, pero siempre estará haciendo lo mismo, porque sabe que vende. Aquí pasan dos cosas: o se queda en el mismo lugar o decae al copiarse una y otra vez. Los casos más famosos de esto son el escritor Stephen King y la escritora J. K. Rowling.

Para el caso de una serie de televisión, la presión viene de los productores que, temerosos de perder audiencia, le dicen al escritor que le dé a la gente lo que quiere. Fue el caso de Juego de tronos, donde, desde la temporada cinco, era fácil adivinar lo que iba a ocurrir, ya que los productores estaban sacando sus ideas de los foros de la Internet. Se fijaban en lo que la gente quería y se lo daban. La decadencia fue tal que hasta George Martin se alejó de la serie y publicó un mensaje en su blog criticando el desarrollo de la misma. Por supuesto, el mensaje fue eliminado al poco tiempo por consejo de su agente.

Los libros de George Martin son buenos porque, precisamente, no tenía miedo de decepcionar a sus fanes. Por el contrario, estos se quejaban por el hecho de que éste asesinaba cruelmente a sus personajes preferidos. Y él, en lugar de cambiar, simplemente seguía haciendo lo que quería. Esa es la actitud. El miedo a decepcionar genera productos de mala calidad. No se puede contentar a todo el mundo. Es imposible, porque todos quieren algo distinto. Lo mejor es seguir tu inspiración sin importar la opinión de los otros.

La cuarta temporada

En la última temporada de Black mirror, tenemos seis episodios donde podemos ver que algo ha ocurrido.

El primer episodio es una idea interesante con un final feliz, algo infantil. La idea podría haberse desarrollado de una mejor forma, pero no, decidieron por lo básico para contentar a la mayoría. La opinión de la mayoría, no obstante, fue positiva. Les dieron lo que querían.

De hecho, en los foros de la Internet, el episodio con mayor puntaje fue Hang the DJ, el cual responde a los estereotipos definidos en la tercera temporada. Se trata de una historia de amor en un contexto virtual. Claramente se puede notar la presión de los productores al leer las críticas. De hecho, una periodista de un diario exigía “más capítulos positivos”. De todas formas la trama de la historia está bien lograda.

Yo lo entiendo, vivimos en un mundo de mierda, necesitamos escapar a una realidad mejor. Pero para eso tenemos otras series. La intención original del creador de la serie era claramente hacer una antología distópica y esto está muy claro en las primeras temporadas. Eso sí, la idea fue presentar una antología concentrada en las relaciones sociales y afectivas, no en la tecnología. El problema es que ahora la gente se queja diciendo que quieren ver “nuevas tecnologías” en cada capítulo cuando, en realidad, como dije, la idea es usar la especulación científica como medio para contar una historia. Pero la gente no entiende porque no conoce el género.

Fijense que los capítulos con menores calificaciones fueron los que se mantuvieron fieles al género o aquellos que buscaron innovar dentro del mismo. Pese a que han sido de una buena calidad, a partir de la siguiente temporada, lamentablemente, tendremos menos de este tipo. Estos son Arkangel, Cocodrile y Metal head.

El capítulo Arkangel es una cruda visión sobre el actuar de una madre obsesionada por controlar a su hija. El tema tecnológico sirve para mostrar hasta donde las consecuencias de dicho comportamiento pueden llegar. Por supuesto, no es un episodio optimista, sino más bien realista. En el fondo es un drama humano y debe ser visto como tal.

El capítulo Cocodrile es también el extremo del comportamiento humano. Y es aún más oscuro al rozar el género de suspenso policial. De hecho, está inspirado en un capítulo de la lúgubre serie de los setenta, Alfred Hitchcock presenta.

El capítulo que peor ha sido calificado por los usuarios de Internet Movie Data Base (IMDB) fue el posapocalíptico Metal head. Este episodio está ubicado en un contexto terriblemente asfixiante y depresivo, y lo que me llamó la atención de la historia, fue que presenta una situación de la que no sabemos mucho, en la que los protagonistas arriesgan su vida por algo que parece insignificante. Lo que hace surgir el interrogante: ¿en qué clase de futuro terrible unas personas arriesgan su vida para calmar la angustia de un moribundo? Por eso me parece interesante, porque apela a la imaginación del espectador. El capítulo tiene un claro tinte de la antología literaria Visiones peligrosas de Harlan Ellison.

Ahora observen que, para este último caso, la crítica de doña Rosa fue muy dura: “No entiendo, no explica nada, es muy simple”.

Y esa es la gracia. Tu problema, Doña, es que no conoces el género: ni el posapocalíptico, ni el ciberpunk, ni el metafísico. Te sugiero leer al precursor del ciberpunk, Philip K. Dick, y al creador de dicho género, William Gibson, claras influencias en la serie. Ambos autores fueron pioneros modernos de la ciencia ficción distópica, utilizando el desarrollo tecnológico como pie para contar sus historias. No obstante, sus planteos eran claramente existencialistas, paradójicos y metafísicos. De hecho, la principal influencia de ambos autores fue nada más y nada menos que Jorge Luis Borges, por quien mostraban una enorme admiración.

En cuanto al episodio restante, Black museum, cuya calificación fue muy positiva, la influencia de Philip Dick y William Gibson es notoria, encerrando los planteos metafísicos del primer autor. En esta línea, constituye un relato distópico en el sentido más literal de la palabra. La antología de Ellison también pudo haber servido como fuente de inspiración claramente, ya que también su espíritu está presente aquí y en varios capítulos de todas las temporadas del show. Sin embargo, se ven elementos ya utilizados en capítulos de otras temporadas y lo tecnológico predomina más que el drama humano. Tal vez por ello le gusto más al idiota promedio. Tendremos más de estos capítulos muy probablemente.

Los cambios ocurridos

Lo que si debo hacer notar es que a medida que avanzó la serie se tendió a abandonar gradualmente el aspecto de sátira política, redes sociales y critica a la sociedad mediática que fue la impronta del show en las primeras dos temporadas. En este sentido, creo que este cambio radical se debió a que los productores creyeron ver que las tecnohistorias ciberpunk tendrían un atractivo mayor. A partir de allí, el escritor comenzó a explorar nuevos terrenos, surgiendo el relato Metal head como consecuencia de ello. En cierta forma, considero este cambio una pena, ya que me había parecido interesante las críticas a la era de la incomunicación de las redes sociales y el impacto de lo mediático en la vida social y política. De hecho, era uno de los temas preferidos del creador de la serie, quien, por cierto, había trabajado como humorista político.

En lo que si estoy de acuerdo, es que en los nuevos capítulos de las serie empiezan a repetirse algunos patrones narrativos de las anteriores temporadas y esto se debe a que seis capítulos es demasiado. Lo mejor es hacer poco y bien. De lo contrario, terminas haciendo mucho, pero poco original, como hacen los escritores de carrera. Tal vez dos capítulos cada dos años sea lo mejor.

También observo que cada vez se insiste más con la idea de que las historias transitan en el mismo universo, algo que contradice la idea de una antología. Eso era algo que los fanes del show habían estado demandando. Se ve que han decidido ceder a la presión, al poner constantes guiños de capítulos viejos en los nuevos episodios. Los famosos “Easter eggs”, como se les llama.

Como sea, los productores ya descubrieron que están de moda las antologías de ciencia ficción distópicas. Por ello, Amazon compró los derechos de la obras de Philip Dick y lanzaron su propia antología para competir con Black mirror: Electric dreams. Por supuesto, debido a que la lógica es la de ganar audiencia, la calidad no será tan buena. En paz descansa Philip, me alegra que no estés aquí para presenciar esto. Espero que el creador de la serie tenga en cuenta esto, aunque lo dudo. ¿Será el comienzo del fin?

En conclusión

Al parecer, Charlie Brooker se he metido en una encrucijada muy complicada. El público ya está acostumbrado a ciertos patrones e historias, por lo que cualquier desviación o experimento (esencial para la creatividad) será rechazado con furia por el público conformista. Por otro lado, también los fanes se quejan si la dinámica y los detalles de los capítulos se repiten. En pocas palabras, quieren siempre lo mismo, pero con pequeñas innovaciones que los haga parecer que están viendo algo novedoso. Cualquier escritor sabe que hacer esto es uno de los trabajos más difíciles que existen. Pregúnteselo a Quentin Tarantino, que desde que creó un género sabe que si hace algo completamente diferente, podría decepcionar a sus seguidores. Sin embargo, también los desilusionaría si no innovara dentro del género que él mismo inventó. Tal vez lo mejor sería mandar a todos al demonio y hacer lo que uno quiere, cuando quiere y como quiere. Tal vez te conviertas en un gusto adquirido y no ganes mucho dinero, pero al menos tendrás libertad. Tal vez eso sea lo mejor. Pregúnteselo a David Lynch.

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